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OPINIÓN

¿El fin del monopolio de las firmas de abogados?

02 de julio de 2026

Daniel S. Acevedo Sánchez

CEO de Bredia Legaltech & Taxtech
Canal de noticias de Asuntos Legales

Durante décadas, las firmas de abogados tradicionales ocuparon casi todo el mercado de servicios jurídicos. Quien necesitaba un abogado acudía a una firma, y la única competencia relevante era la de otras firmas. Ese monopolio se está desvaneciendo y el dato más claro viene de un mercado que apenas existía hace quince años. Según el informe Alternative Legal Services Providers 2025, de Thomson Reuters con Georgetown Law y la Universidad de Oxford, ese mercado alcanzó 28.500 millones de dólares en 2023, con un crecimiento anual compuesto del 18%. Se triplicó en una década, y hoy el 57% de los departamentos jurídicos corporativos del mundo ya lo usa.

Estos proveedores surgieron en Estados Unidos y el Reino Unido como respuesta a una presión que las firmas no resolvían: clientes que pedían menores costos, escalabilidad, especialización y modelos más flexibles. Parten de una observación incómoda: muchos servicios jurídicos corporativos no requieren la estructura de una firma. La gestión documental, la debida diligencia masiva, la administración de contratos, el cumplimiento recurrente y la gestión societaria son trabajos de alto volumen, donde la escala, la tecnología y la disciplina operativa importan más que el prestigio de un socio.

Conviene no confundir el fenómeno con la inteligencia artificial. La tecnología lo acelera, pero el motor es económico: una redefinición de quién presta cada servicio y bajo qué modelo. Por eso compiten también las consultoras multidisciplinarias y, sobre todo, las Big Four, cuya ventaja es de escala. Mientras las cien mayores firmas del mundo operan en unos quince países en promedio, las Big Four están en cerca de 170, y una sola construyó una red global de servicios legales con más de 3.200 abogados en 90 países. Servir a un cliente en decenas de jurisdicciones con un modelo homogéneo es algo que pocas firmas logran.

América Latina ya muestra señales del mismo movimiento, con forma propia. Llega menos de grandes proveedores independientes y más a través de consultoras, firmas multidisciplinarias, departamentos jurídicos internos sofisticados y proveedores especializados. En Colombia, las Big Four reportan ingresos por asesoría legal cercanos a los de las grandes firmas, y en Centroamérica una integró la operación de 18 países bajo una sola estructura regional. El desplazamiento no es una hipótesis futura, está ocurriendo.

Aquí está el punto que muchas firmas no terminan de ver. Siguen creyendo que compiten exclusivamente por calidad jurídica, cuando buena parte de sus clientes corporativos ya no compra solo derecho. Compra capacidad de ejecución, predictibilidad, escalabilidad, eficiencia operativa y experiencia de cliente. La excelencia técnica sigue siendo indispensable, pero dejó de bastar para retener a un cliente que evalúa con criterios de gestión.

El riesgo para las firmas colombianas tiene menos que ver con desaparecer y más con perder, de forma progresiva y silenciosa, segmentos completos del mercado sin advertirlo. No habrá sustitución abrupta, habrá un desplazamiento lento. Cada proceso repetitivo que una firma deja ir porque parece poco rentable no se esfuma: lo recoge otro proveedor con un modelo mejor diseñado para ese trabajo, y con él se va una relación, un dato y una puerta de entrada al cliente. La pregunta para cada firma no es si presta buenos servicios, es qué parte del mercado está cediendo sin haberlo decidido.

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